lunes, junio 20, 2005

Fernando Alonso y la relatividad

LA VANGUARDIA DIGITAL - Fernando Alonso y la relatividad: "Fernando Alonso y la relatividad

A muchos aficionados a la fórmula 1 nos gustaría ver a nuestro Fernando Alonso ir tan rápido como el rayo, pero ¿se han preguntado alguna vez lo que ocurriría realmente?

Imaginen los lectores un día en las carreras en un mundo relativista en el que la velocidad de la luz es de unos 400 km/h. Los monoplazas alcanzarían entonces unos tres cuartos de la velocidad de la luz, y necesitaríamos la teoría de Einstein para interpretar lo que vemos. Por lo demás, tenemos el habitual espectáculo de deporte, tecnología y vanidades humanas, sin olvidar las tribunas repletas de aficionados oponiendo el rojo Ferrari al azul Renolastur.

Sin embargo, todo lo que tiene que ver con los coches a alta velocidad resulta muy extraño. Vistos desde las tribunas del circuito, los monoplazas parecen comprimirse en la dirección de movimiento. A la máxima velocidad punta en recta parecen quedarse reducidos a la mitad de su longitud normal. Mientras tanto, en el borde de la pista, muy cerca de los bólidos, como la luz llega con mucho retraso relativo desde diferentes puntos del coche, los planos de televisión a cámara lenta muestran bólidos deformados, alargados longitudinalmente e incluso retorcidos lateralmente, ¡se parece a un Gran Premio de dibujos animados!

¿Cómo soportarán los pilotos estas deformaciones? En realidad, ¡ni las notan! Para ellos, son las tribunas y la propia recta las que se acortan. Tienen la sensación de que consiguen vueltas más rápidas que lo que indican los cronómetros de boxes, porque el circuito parece la mitad de largo. ¿Será que su velocidad relativista los hace alucinar? Pues no, los ingenieros en boxes nos aseguran que los latidos del corazón de los pilotos se ralentizan hasta la mitad de su ritmo normal cuando circulan a alta velocidad, el tiempo realmente va más despacio para ellos. De esta manera, aunque pilotos e ingenieros miden distintos valores del espacio y del tiempo por cada vuelta, siempre están de acuerdo en el valor de la velocidad relativa, que es el cociente entre ambos. Las leyes de la relatividad sólo dependen de la velocidad relativa, y la velocidad de la luz es la misma para todos.

En realidad, no es que los coches y los pilotos sufran tensiones que los deforman o desmayos por falta de ritmo cardiaco, sino que son los propios espacio y tiempo los que se estiran y se comprimen dependiendo del estado de movimiento del observador, ¡como si fueran elásticos! Todo esto no quiere decir que el pilotaje de los bólidos sea el habitual. Por ejemplo, el peso de los monoplazas cambia significativamente a lo largo del circuito; son mucho más pesados a alta velocidad, por eso la velocidad de la luz es un límite infranqueable, por muy potente que sea el motor. De hecho, en este mundo imaginado ni los aviones ni las balas pueden rebasar los 400 km/h de la velocidad del rayo.

Pero, volviendo a nuestro piloto, el efecto Doppler podría tener una gran importancia psicológica: al igual que el sonido de los coches resulta más agudo cuando se acercan y más grave cuando se alejan, en este mundo cualquier objeto veloz se ve azulado al acercarse, y rojizo al alejarse. En la recta principal, dos pilotos pelean encarnizadamente por la posición, Alonso, el azul, viene delante, Schumacher, el rojo, lo sigue detrás mientras comprueba con desazón que hasta la tribuna de los tifosi ferraristas parece lucir de un intenso azul asturiano. Se diría que hasta las leyes de la física favorecen a Alonso en este campeonato imaginario...



J.L. FERNÁNDEZ BARBÓN, físico teórico del Instituto de Física Teórica UAM-CSIC, Madrid